La acumulación masiva de sargazo en las costas del Caribe mexicano ha dejado de ser únicamente un desafío ecológico y turístico para convertirse en una fuente fértil de desarrollo biotecnológico. Ante este panorama, Lizbeth Nava Martínez y Lizzeth Cabrera Vargas, alumnas de la carrera de Ingeniería Textil de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), diseñaron biohilos sustentables a base de macroalgas marinas, orientados al encordado de raquetas de tenis como una alternativa viable frente a los sintéticos derivados de hidrocarburos.
El proyecto, impulsado bajo el nombre Alginate Sports Corp, busca sustituir entre un 60 % y un 90 % de los componentes petroquímicos habituales en los cordajes deportivos convencionales. Las universitarias emplearon el alginato de sodio —el polímero estructural presente en la pared celular del sargazo— para desarrollar un recubrimiento ecológico capaz de competir en durabilidad, flexibilidad y rendimiento con las opciones tradicionales del mercado.
Proceso químico y desarrollo de materiales compuestos
La fabricación de este biomaterial requirió una secuencia rigurosa de recolección, lavado, deshidratación y trituración de la biomasa marina. Para la síntesis del compuesto principal, las jóvenes aplicaron un tratamiento ácido complementado con una extracción alcalina con el fin de aislar el alginato de sodio en polvo tras procesos de filtración y purificación.
Posteriormente, el material se solidificó mediante inmersión en una solución acuosa con cloruro de calcio, dando origen a los filamentos primarios. Sin embargo, al detectar que la fibra perdía tenacidad durante el secado completo, las investigadoras recurrieron a la formulación de materiales compuestos:
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Pruebas de matriz: Se experimentó con mezclas de poliuretano, cáñamo, filamentos sintéticos y fibras naturales.
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Integración con nailon: La conjunción de alginato de sodio con poliamida (nailon) arrojó los mejores índices de resistencia a la tracción y memoria elástica, equiparándose a las cuerdas comerciales de tenis.
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Modelado mecánico: A través de herramientas de diseño y simulación en software especializado (SolidWorks), se evaluó el comportamiento de la tensión del encordado bajo impactos repetidos.
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Control de calidad térmico: Se integró un pigmento termocrómico que vira de azul oscuro a blanco ante variaciones de temperatura, lo que permite auditar visualmente la uniformidad del recubrimiento en la superficie de la cuerda.
De contingencia marina a economía circular
El arribo atípico de sargazo genera severos impactos ambientales: además de impedir el paso de la luz solar hacia los arrecifes y frenar la fotosíntesis de los pastos marinos, su descomposición en tierra despide gases nocivos como el ácido sulfhídrico.
Al transformar un residuo orgánico perjudicial en materia prima de alto rendimiento, el desarrollo presentado por las universitarias se posiciona dentro de los esquemas de economía circular aplicados a la industria deportiva. La iniciativa fue expuesta durante el Primer Concurso de Sostenibilidad Textil (FEST-TEX 2026), certamen académico organizado por el Colegio de Ingeniería Textil de la BUAP para premiar proyectos enfocados en la revalorización de residuos y el ecodiseño sustentable.


